Por Laura Pérez Cisneros

Lo platiqué con una amiga el otro día. No sé si sea la conciencia, la edad, ser más observadora que antes, las circunstancias, pero este Mundial para mí fue inolvidable y el mejor que me ha tocado. Aunque no tuve la fortuna de ir a un estadio, si hubiera sucedido quizá se habría potencializado mi amor por este encuentro; ni un 15 de Septiembre, que te sale esa “mexicanidad”, me ha hecho llorar de una emoción desbordada como lo hice en todos los partidos de México al cantar el himno de pie y saludando a la bandera. Más le lloraba cuando veía a Quiñones, Santi Giménez o Fidalgo, que de cuna llegaron de Colombia, Argentina y España, pero como dicen: “Los mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana”.

Ustedes, nuestros queridos suscriptores, estaban en su mundo ideal, en su “Disney”, poder ver a los dioses del balón. Amé esos momentos de prender la TV y me aparecía el partido del día; este mes y cachito seguro, como miles, administraba mi día con base en el fut y eso que soy vieja —jajaja—; fui “la novia ideal” para muchos hombres. Seguro te pasó: apoyamos a nuestra selección, pero cuando fue eliminada tuvimos varias nacionalidades: noruega, colombiana, francesa, española.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.