Por Linda Atach Zaga
Dedico estas líneas a mi querida Lulú Constantino y a las perseverantes pioneras. Su lucha sigue en pie.
Como antídoto, ente transformador y golpe de esperanza, el fútbol ha llegado a nuestro país para llevarse la tristeza: igual la ocasionada por amores imposibles y decepciones, que la que llega con la búsqueda que no encuentra y el luto injustificado que viven los familiares de quienes no debían desaparecer y morir.
Quizá esto explique nuestra emocionada bienvenida y que se nos haga tan fácil minimizar lo inaccesible del costo de las entradas y los recortes al calendario escolar. Lo cierto es que la magia de la copa del mundo cambia los males por la emoción del gol, recordándonos que si competir es importante, ganar es el más legítimo de los deseos.
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