Por María del Carmen Alanis
La reciente designación de consejerías del Instituto Nacional Electoral no solo dejó dudas. Dejó señales preocupantes sobre la forma en que hoy se están tomando decisiones que afectan directamente la integridad del sistema electoral.
En una institución encargada de garantizar elecciones libres y equitativas, el estándar no puede ser menor: su integración debe ser legítima, transparente y confiable. Ese estándar no se cumplió.
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