Por Marcela Solares Delgado
Vivimos todos los días llenos de acontecimientos sin importancia, como comidas, reuniones, citas, trayectos, incluso momentos completos de los que no conservamos prácticamente nada.
Y de pronto, alguien pasa y olemos su perfume; entramos a una habitación y suena una canción; o alguien pronuncia una palabra y cambia todo…aparece intacta, o aparentemente intacta, una escena que llevaba treinta años sin presentarse.