Por María Teresa Pérez*

Llegar a otro país siempre implica aprender. Aprender nuevas palabras, nuevos códigos, otras formas de relacionarnos. Entender lo que se dice y, muchas veces, también lo que no se dice.

Pero llegar a otro país para asumir responsabilidades de liderazgo dentro de una organización de gran escala agrega una pregunta todavía más profunda: ¿cuánto tenemos que adaptarnos para pertenecer y cuánto de quienes somos debemos preservar para poder aportar algo diferente?

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.