Por Marilú Acosta
Cuando Juárez suspende los pagos de la deuda externa en 1861, Reino Unido, Francia y España firman la Convención de Londres para tomar Veracruz y cobrarse lo adeudado, ya que el 70% de los ingresos gubernamentales eran por aranceles. Para hacerle frente a los tres ejércitos, Juárez envía a Manuel Doblado como Ministro de Relaciones Exteriores y a Ignacio Zaragoza como General en Jefe del Ejército de Oriente al puerto de Veracruz. Zaragoza, Benemérito de la Patria, solo tuvo 7 años como mexicano por nacimiento: nació en Bahía del Espíritu Santo, Coahuila y Texas, México, en 1829, ahora Goliad, Texas, EUA. Sin embargo, en 1836 la frontera lo cruzó convirtiéndolo en extranjero en su propia tierra.
Las artes diplomáticas de Manuel Doblado brillaron en los Tratados de La Soledad, gracias al mosquito Aedes aegypti, que picaba a los recién llegados matándolos de fiebre amarilla. Ansiosos por sacudirse a su asesino epidemiológico, los europeos firman con prisa estos Tratados, los cuales establecen que (1) el gobierno de Benito Juárez es legítimo y democrático. (2) Debo no niego, pago no tengo, dice México. (3) Se permite a los europeos adentrarse a Córdoba, Orizaba y Tehuacán, para detener la masacre de los mosquitos. Y, cual serpientes y escaleras, (4) si quisieran atacar tendrían que regresar a la casilla número 1 (el pantano insalubre del puerto de Veracruz) para empezar la guerra.
Mientras que Reino Unido y España se retiran ante un presidente-urgido-por-legitimarse, presidiendo un país pobre y lleno de mosquitos, Francia vio una irresistible oportunidad y rompe los puntos 1 y 4 de los Tratados de La Soledad, convencida de que era el mejor momento para recuperar su presencia americana. Francia controlaba territorios de Canadá a Luisiana, hasta que Gran Bretaña la expulsó con la Guerra de los Siete Años (1754-1763). Sin esta derrota francesa, Norteamérica sería católica y francófona en lugar de anglosajona y protestante. En 1862, Francia pensó en aprovechar que Juárez era pobre (e ilegítimo), que Estados Unidos estaba ocupado con su Guerra de Secesión (1861-1865), y que las minas de plata se verían mejor si eran de extracción francesa. Ideológicamente Francia quería una América Latina (sí, América Latina es un concepto francés) en contraparte a la América Anglosajona. El as bajo la manga lo tenía Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III: conservadores mexicanos le habían asegurado a la emperatriz que México rogaba y suplicaba por ser colonia francesa.
Napoleón III, seguro de poder instaurar un monarca católico y europeo en tierras aztecas, decide iniciar una especie de cruzada espiritual que salvaría a los mexicanos de los herejes liberales representados por Juárez. Confiado en un México que los esperaba con los brazos abiertos, Napoleón III dijo: va, y escogió a Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez, para ponerlo al frente de su cruzada. Necesitaba a alguien de buen porte para que entrara triunfante a la Ciudad de México como representante de la victoria católica, imperialista y francesa. Napoleón III en ese primer movimiento no mandó a sus mejores mariscales con un gran ejército, envió a quien tomaría lo que le correspondía, con un pequeño ejército de apenas 6 mil hombres que lo haría verse bien.
El gringo-mexicano Zaragoza y el Conde de Lorencez se enfrentaron por primera vez el 28 de abril de 1862, en la Batalla de Las Cumbres de Acultzingo. La infantería francesa le dio una paliza al mal equipado, mal comido y sin disciplina táctica del ejército mexicano. Zaragoza 0 - Lorencez 1. Es cuando Zaragoza aprovecha la geografía de Puebla para atrincherarse en los fuertes de Loreto y Guadalupe, esperando que Lorencez muerda el anzuelo y los ataque, en lugar de rodear la ciudad.
El 5 de mayo de 1862, Lorencez manda un ataque frontal cuesta arriba ante muros de piedra fortificados. Sin contar con el equipo que destruye muros, porque había dejado sus cañones pesados en Veracruz, simplemente confió que su ejército era mejor, desestimando la inteligencia de Zaragoza y, cual Napoleón, no entendió el clima del lugar. El ataque lo ordenó durante una lluvia torrencial que enlodó el cerro: el ejército francés se atascó, convirtiéndose en blanco fácil para el ejército mexicano. La batalla duró algunas horas, porque Francia se replegó inmediatamente y regresó a Orizaba. Zaragoza 1 - Lorencez 1.
Embriagado por el lodazal, Zaragoza envía un telegrama a Juárez diciendo: Las armas nacionales se han cubierto de gloria. Después, la sobriedad le llega sin misericordia y en otros telegramas le explica a Juárez que acababan de rascarle los huevos al tigre, porque los franceses son infinitamente superiores al ejército mexicano, el cual tenía a sus soldados en un estado deplorable. Zaragoza quería que Juárez comprendiera que la guerra no se gana con una batalla.
Ante la explosión de felicidad de Juárez, Zaragoza se queda con el gusanito de ¿habré sido mejor que los franceses? Entonces decide perseguirlos hasta Orizaba. Pensando que la suerte le sonreiría dos veces, la noche del 13 de junio de 1862 ordena atacar el cerro en donde los franceses estaban acampando. Los franceses descubrieron todo y organizaron un contraataque sorpresa en plena madrugada y masacraron al ejército mexicano. Zaragoza 1 - Lorencez 2.
Juárez, alucinando un gran éxito, llama a Zaragoza para rendirle homenajes varios en la capital y nombrarlo Benemérito de la Patria, en julio de 1862. Zaragoza acepta y aprovecha para pedirle al congreso que deje de pelearse y, a quien lo escuchara, le explicaba que el Ejército del Oriente necesitaba dinero en serio, porque ahora sí venía en camino el verdadero ejército francés con el general Forey y 30 mil hombres. Napoleón III estaba fúrico y con el ego herido, así que la guerra apenas iba a comenzar.
No le hicieron mucho caso porque el presidente había dicho ya que el 5 de mayo era una victoria nacional y hubiera sido absurdo desdecir al presidente. Zaragoza no quería entregar la capital tan fácilmente y convirtió a Puebla en una fortaleza, a pesar de que la ciudad era insalubre, con soldados pobres, débiles y enfermos. Al realizar visitas para verificar la fortificación de la ciudad, Zaragoza terminó por contagiarse de fiebre tifoidea. El 8 de septiembre de 1862 muere a los 33 años.
Empate: Zaragoza muerto - Lorencez en Francia muerto socialmente.
El 16 de marzo de 1863 el ejército francés cierra todas las vías de comunicación, suministros y rutas de escape. Barrios enteros fueron destruidos por los franceses y con 22 mil soldados dentro de Puebla, el asedio hizo que los poblanos utilizaran a perros y gatos como fuente de alimentación. Hasta que el 17 de mayo de 1863 —62 días después— Puebla se rinde.
El 31 de mayo de 1863, el Congreso le otorga a Juárez facultades extraordinarias: empaca la bandera de Palacio Nacional y el archivo de la Nación, los sube a su carruaje negro y, cual gitano (o delincuente huyendo o funcionario con licencia), inicia oficialmente la República Itinerante, dejando a la Ciudad de México a la espera de los invasores.
El 10 de junio de 1863, entran a la Ciudad de México los generales Forey y Bazaine acompañados de Juan Nepomuceno Almonte. La Asamblea de Notables dictamina abolir la República y ofrecerle la corona (de México) al Archiduque Fernando Maximiliano de Austria, quien llegó junto con Carlota el 28 de mayo de 1864 al muladar del puerto de Veracruz, donde pasaron como desconocidos. El imperio mexicano que les habían pintado solo era una fantasía de los conservadores. El 12 de junio, los emperadores llegaron a la Ciudad de México donde sí hubo repiques de campanas, arcos de flores, desfiles y misa solemne.
Celebrar el 5 de mayo como la gran victoria nacional es de una mediocridad inmensa. Y Juárez… Híjole, de ese hablamos en otra ocasión.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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