Por Mónica Hernández

Que las madres-madres, esas de “deveritas” hacen lo que sea por los hijos… queda demostrado cada cierto tiempo. Cada cuatro años, para ser exactos. Con el pretexto del mundial, las mamás que normalmente se mientan las respectivas madres se reúnen, conviven, se hablan de “amiga” y “mana” para intercambiar estampas del mundial. Confieso: caigo cada cuatro años. Soy débil de álbum de estampitas. Gustave LeBon, en su obra Psicología de las Masas de 1895 menciona que las personas perdemos la individualidad al sumergirnos en un grupo. Así estamos hoy: robotizados por conseguir las estampas. Hay quienes pagan lo que haga falta: compran las faltantes en Mercado Libre y también las de Coca-Cola (a 70 pesos la estampa). Hay quienes acuden a esquinas y mercaditos sobre ruedas a comprar estampas a $30 y las “especiales” o metalizadas a $45 o $50. Sé de una prima que compró, en una camioneta, las de la refresquera por 1,000 pesos. Y llenó el álbum hace una semana. No durmió. Abrió sobres hasta perder la sensibilidad de los dedos. No dejó a nadie acercarse a la mesa del comedor de su casa (3 cajas) y aún así, compró sueltas. La locura. Y 10,000 pesos para llenar su álbum. Dice que es herencia para su único hijo, para que venda un día los álbumes en eBay. Pero su hijo hace sus propios álbumes desde niño, porque su mamá le pegaba las estampas, para que no “se fuera chueco”. Violencia familiar reproducida en un mísero álbum de estampas. 

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