Por Natalia Campos*

Benésika Anagupi significa “aprendiendo unos de otros” en rarámuri. Ese es el nombre de un centro educativo ubicado en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, fundado en 1973 por la comunidad jesuita con un enfoque bilingüe e intercultural. En este lugar, cientos de niños (y cada vez más niñas) han tenido la oportunidad de aprender, convivir y alcanzar logros educativos que, por las desigualdades del país, muchas veces estarían fuera de su alcance.

Aun con los retos propios de su ubicación geográfica, esta escuela no solo ha sido un espacio de aprendizaje. También ha sido un lugar de convivencia, desarrollo individual, construcción comunitaria y resguardo.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.