Por Natalia Pérez*

Hubo un tiempo en que volar era un ritual.

En los años sesenta, abordar un avión tenía algo de ceremonia. El pasajero sabía que entraba a un espacio distinto, donde existían reglas, protocolos y responsabilidades. La tripulación era respetada y, para muchos, subir a un avión significaba cumplir un sueño.

SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.