Por Natalia Pérez*
Cuando una tripulante de cabina recibe a los pasajeros en la puerta de un avión, pocas personas piensan en los riesgos que implica esa profesión más allá de una turbulencia, una evacuación o una emergencia médica.
El uniforme impecable, la sonrisa y las instrucciones de seguridad esconden una realidad que durante años ha recibido mucha menos atención: el cuerpo de quienes trabajan en la aviación no solo acumula horas de vuelo, también exposición y desgaste.