Por Raquel Charqueño
Antes de escribir esta carta revisé nuestra conversación de WhatsApp. Volví a escuchar algunos de los audios que me enviaste. El primer mensaje es de enero de 2023: me compartiste el contacto de un perito en psiquiatría para mi primer litigio por daño moral contra periodistas. Nos habíamos conocido poco antes, en una reunión de trabajo en la UNAM, donde, sin conocerme demasiado, fuiste generosa conmigo porque me compartiste consejos, estrategias y aprendizajes para la defensa de los derechos humanos y las personas periodistas. No tenías por qué hacerlo. Quizá esa generosidad fue lo primero que me hizo querer seguir conversando contigo. Y seguimos conversando. Me invitaste al sexto aniversario luctuoso de la periodista Miroslava Breach, uno de esos casos que te empeñaste en que no quedara en la impunidad ni en el olvido. Después comenzamos a compartir nuestro trabajo y, en mayo de 2023, viniste a San Luis Potosí a presentar una iniciativa que impulsabas para reformar los códigos procesales civiles de los estados y establecer procedimientos sumarios en las demandas civiles contra periodistas.
Hicimos una sobremesa de varias horas. Ese día confirmé tu inteligencia y, sin que ninguna de las dos lo supiera todavía, comenzaste a convertirte en mi mentora.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...