Por Nelly Segura*

A Paola la mataron a balazos.

A Kenia la hicieron renacer.

Después vino lo que en México suele ocurrir después de una mujer asesinada, sea trans o no: el expediente, los trámites, las palabras que se vuelven burocracia, los escritorios, las puertas cerradas, el “vamos a investigar”, el “no hay elementos”, el silencio.

Y, algunas veces, algo todavía más cruel: “era una puta”.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.