Por Nelly Segura*
A Paola la mataron a balazos.
A Kenia la hicieron renacer.
Después vino lo que en México suele ocurrir después de una mujer asesinada, sea trans o no: el expediente, los trámites, las palabras que se vuelven burocracia, los escritorios, las puertas cerradas, el “vamos a investigar”, el “no hay elementos”, el silencio.
Y, algunas veces, algo todavía más cruel: “era una puta”.