Por Laura Pamela Sandoval*
El Mundial terminó y dejó al país con esa mezcla difícil de explicar: orgullo, tristeza, cansancio y memoria colectiva.
Durante semanas, México habló en clave de fútbol. Se llenaron estadios, restaurantes, pantallas, aeropuertos, vagones del Metro y sobremesas familiares. Hubo playeras, cánticos, discusiones, lágrimas, memes, turistas sorprendidos y una ciudad que, por momentos, pareció reconocerse en una misma emoción.
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