Por Laura Pamela Sandoval*
Durante casi seis años, México aplicó una ley de propiedad industrial escrita en 2020 con un reglamento redactado en 1994, cuando el comercio electrónico apenas existía como curiosidad académica y nadie imaginaba que una marca pudiera nacer, crecer y morir dentro de una aplicación de teléfono. La semana pasada terminó esa rareza jurídica, porque entró en vigor el nuevo Reglamento de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, publicado en abril, que pasa de setenta y nueve artículos a doscientos dos, cifra que por sí sola desmiente cualquier lectura de simple actualización cosmética.
Los despachos grandes ya publicaron sus alertas y todas coinciden en lo mismo: franquicias con requisitos de divulgación ampliados, un registro de transferencia de tecnología, reglas nuevas para patentes y solicitudes provisionales. Todo eso importa, aunque a la mayoría de quienes me leen les resulte tan lejano como el reglamento de una liga deportiva que no siguen.