Por Laura Pamela Sandoval*

En América Latina, una mujer puede tener una buena idea, convertirla en una empresa, demostrar que existe un mercado para su producto y aun así encontrarse con una barrera difícil de atravesar: conseguir el capital necesario para crecer.

El dato es brutal. De acuerdo con BID Lab, del total de capital de riesgo invertido en la región durante 2022, apenas 0.6% llegó a equipos integrados exclusivamente por mujeres. Es muy importante destacar que ésto no significa que las mujeres no estén emprendiendo. Significa que, cuando llega el momento de apostar grandes cantidades de dinero por una empresa con posibilidades de escalar, muy pocas veces la apuesta recae sobre ellas.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.