Por Regina Reyes-Heroles
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Vengo de una familia que ‘chopea’. Crecí con un vaso de leche en la mesa, algunas veces con chocolate, otras sin. La leche era tan importante en el día a día familiar que una de mis abuelas nos la daba ‘bronca’, o bueno, solo hervida. Confieso que la falta de pasteurización no era lo mío y creo que mi abuela disfrutaba ver mi debilidad.

Las vacas, ordeñar, su reproducción y hasta inseminación fueron una parte de mi infancia. 

Nunca cuestioné lo que había detrás hasta que llegué al mundo del periodismo financiero y me enteré que México ocupa el sitio 8 en la producción mundial de leche lo que quiere decir que alrededor del 2% de la leche del mundo viene de vacas mexicanas y eso se traduce en poco más de 13 mil millones de litros al año producidos por 2.6 millones de vacas lecheras, según el Consejo Nacional Agropecuario (CNA).

Hace unas semanas, Pamela Cerdeira me invitó a escribir en Opinión 51 sobre el sector lácteo bajo el paraguas del Día Internacional de la Leche. Me encantó la idea porque podría, de nuevo, analizar un sector al cual le tengo un cariño personal y, de paso, recordar las enormes ollas con leche hirviendo en la cocina de mi abuela, quien por cierto, no sabía cocinar y decía que hasta el agua se le quemaba, pero amaba sus vacas.

Me dio algo de tristeza corroborar que hoy en nuestro país el consumo de leche es mucho menor al recomendado por la FAO. Los mexicanos consumimos de 130 litros por persona al año, cuando lo recomendado sería por lo menos consumir 180 litros al año, explica el CNA. Colombia, Uruguay, Estados Unidos y Holanda son algunos de los países que toman más leche que nosotros.

El tamaño del impacto de las vacas lecheras

Detrás de cada uno de esos litros de leche que tomamos hay un sector lácteo que, según datos del CNA, está valorado en 320 billones de pesos al año, genera más de 600,000 empleos directos y más de un millón indirectos.

La industria, aunque no tomemos los mexicanos suficiente leche, ha crecido. En 1990 se producían 6.1 millones de litros al año, menos de la mitad de lo producido en 2025, según un reporte de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (CANILEC). 

¿Qué ha cambiado? La cadena productiva entera. La industria es más moderna y más responsable, se ha automatizado a pequeños y medianos productores para integrarlos a las cadenas de las enormes marcas que conocemos, y se ha tecnificado una parte muy relevante de los procesos.

Me encanta saber que medianos productores, que tienen máximo 500 vacas, pueden ser parte de esa leche que adquirimos vía alguna de las varias marcas gigantes que conocemos, que no importa el tamaño del productor hay estándares de producción que cuidan hasta el estrés de la vaca. Y es más interesante pensar que esta industria incluye también a familias que apenas tienen cinco animales, pero se sostienen gracias a ellos. Así, 9 de cada 10 productores primarios son pequeños o medianos en nuestro país, según CANILEC.

Tomar más leche y que sea mexicana

Además del bajo consumo hay una enorme oportunidad que quiero compartirles: la seguridad alimentaria, uno de los temas que debemos abordar y conseguir, está atado a la industria láctea. Para lograrlo necesitamos crecer mucho más la producción. 

Resulta que -a pesar de no tomar suficiente leche- nuestra producción sigue siendo menor a la necesaria para el consumo.

México consume 19.4 mil millones de litros al año, según CANILEC, y producimos unos 13.1 mil millones. Así, nuestra producción satisface solo 70% del consumo. El otro 30% se importa. 

La tarea es gigante, no solo debemos incrementar nuestro consumo para cumplir con lo recomendado por la FAO por temas de salud, también necesitamos producir más leche para que nuestros productores no solo puedan satisfacer la demanda actual, sino la potencial hacia el futuro, e incluso, exportar. Eso sería un paso en la dirección correcta hacia la seguridad alimentaria.

El reto no es sencillo, implica pensar más en la integración a las cadenas productivas, en sostenibilidad, bienestar animal y del medio ambiente; implica atender al campo, porque eso permite alimentar a la vaca lechera; implica un constante trabajo entre cada uno de los jugadores de la industria, incluido el gobierno; requiere innovación, productividad, tecnología y visión de largo plazo. 

Hoy, en el Día Internacional de la Leche, es momento de reflexionar alrededor del éxito actual de la industria con, como mencionaba antes, la generación de 600,000 empleos directos, y de cómo sostener y crecer este éxito en el tiempo.

Aprendí a ‘chopear’ de mi abuelo materno, probé leche hervida recién ordeñada gracias a mi abuela paterna, y mis hijos ‘chopean’ en vaso de leche todo pan dulce o galleta que encuentran en la alacena. En mi casa celebramos esa tradición mexicana. 

Lx invito, queridx lectorx, a pensar qué había en las jarra sobre la mesa del desayuno, ¿había leche?

✍🏻
@vivircomoreina

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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