Por Renata Roa

Domingo 19 de septiembre, 2:30 de la madrugada. Adrián, mi esposo, me despertó con un "ven, está subiendo muy rápido". Todo el día anterior el semáforo había estado en amarillo y Protección Civil nos había dicho, con esa calma que me sigue dando coraje, que no nos acercáramos al río. Nadie pensó en explicarnos qué hacer si el río se acercaba a nosotros.

Salimos con el agua a la mitad de las pompas. Sin aviso. Aprovechamos tres horas solo porque Adrián estaba intranquilo y yo todavía le estaba creyendo al semáforo, creía que ellos sabían más. La segunda inundación de esa misma semana fue peor.

SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.