Por Rosa Covarrubias
No se puede ser juez y parte. Nunca esa frase había encajado tan bien con la FIFA como ahora. Uno de los organismos más poderosos del planeta, no solo por gobernar el futbol mundial, sino por lo que representa en términos económicos, se ha cimbrado en diversas ocasiones durante los últimos 15 años. Hoy, las relaciones políticas vuelven a poner a prueba su imagen.
El 76º Congreso de la FIFA terminó de una manera poco ortodoxa; difícilmente podía ser de otra forma. En medio de manifestaciones en Vancouver por la organización del Mundial de 2026, los altos costos de una Copa del Mundo tripartita y los inevitables conflictos geopolíticos, la tensión estuvo presente en todo momento. Aunque, para ser justos, no todo fue malo.
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