Por Sandra Romandía
Elizabeth Zavala abrió los ojos una mañana de agosto de 2021 y descubrió que con el izquierdo ya no podía ver. Cuatro días antes había acudido, como millones de mexicanos, a recibir una vacuna contra el Covid-19, en medio de una emergencia sanitaria que convirtió la vacunación en una apuesta colectiva para contener una pandemia que dejó hospitales saturados y cientos de miles de muertos.
Cinco años después, Elizabeth sigue sin ver por ese ojo y, paradójicamente, quien parece no querer mirar es el Estado mexicano.
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