Por Sofía Pérez Gasque Muslera

Durante años, la conversación sobre igualdad económica entre hombres y mujeres se ha centrado en indicadores indispensables: participación laboral, acceso a puestos directivos, emprendimiento, acceso a financiamiento y brecha salarial. Son temas relevantes. Siguen siendo desafíos pendientes. Pero mientras seguimos concentrando gran parte del debate público en esas variables, una nueva brecha comienza a abrirse frente a nosotros y amenaza con tener consecuencias mucho más profundas para las próximas décadas.

La próxima gran brecha de género no se medirá únicamente en ingresos.

Se medirá en influencia.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.