Por Sonia Garza González*

El comercio exterior se ha consolidado como un motor neurálgico de la economía mexicana, representando cerca del 70% a 75% del Producto Interno Bruto. No es solo un participante en los flujos internacionales de bienes y capitales, sino un actor estructural con una de las redes de diplomacia comercial más complejas y extensas del mundo; sin embargo, esta ventaja institucional contrasta con una acentuada dependencia logística y de mercado hacia un único socio: los Estados Unidos. 

Durante más de tres décadas, México instrumentó una política de apertura e integración comercial destinada a incidir proactivamente en la globalización. El resultado de este esfuerzo es un entramado sin precedentes, que nos permite tener un acceso preferencial a mercados que abarcan a miles de millones de consumidores. De acuerdo con el Gobierno mexicano, nuestro país cuenta con una red de 14 Tratados de Libre Comercio que abarcan 52 países. Esta red incluye instrumentos de última generación como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT/CPTPP) y el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUEM). También dispone de 30 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones con 31 países o regiones administrativas. Estos mecanismos otorgan certeza jurídica a los flujos de Inversión Extranjera Directa y protegen el capital mexicano en el exterior. Y además mantiene 9 acuerdos de alcance limitado en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.