Por Stephanie Henaro Canales

La cumbre mundial de la DEA que reúne esta semana en Buenos Aires a altos funcionarios de cerca de cien países importa por algo mucho más grande que el narcotráfico. Es una pieza más de la reconstrucción del poder estadounidense sobre el hemisferio occidental. Después de décadas en las que Washington organizó su relación con América Latina alrededor del comercio y la globalización, la seguridad vuelve a convertirse en principio ordenador. Buenos Aires permite ver cómo empieza a funcionar ese nuevo mapa.

La competencia con China, la migración, el fentanilo y la expansión de las organizaciones criminales transnacionales han devuelto al hemisferio una lógica mucho más antigua: territorio, control, inteligencia y seguridad. No significa que el comercio haya dejado de importar. Significa que comienza a quedar subordinado a una pregunta anterior: ¿quién controla el espacio estratégico?

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