Por Ursula Quijano*

Una pensaría que, tras siglos de lucha feminista para impulsar el avance de las mujeres en el mundo laboral, la historia ya estaría contada. Ya tendríamos más ahorros para el retiro, habría más mujeres en puestos directivos, mayor corresponsabilidad en las labores del hogar, más políticas en las empresas enfocadas en el balance entre familia y trabajo, y más esquemas de trabajo híbridos y flexibles.

Pero las circunstancias de hoy nos pintan un panorama desalentador. Como si fuera una mala película de terror, ahora hay que sumar otro factor: el protagonismo de la inteligencia artificial que, al menos en el corto plazo, no llegó para beneficiarnos ni para hacer el mundo más igualitario.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.