Por Yoelí Ramírez*
En México, apelar a la defensa de la soberanía frente a gobiernos extranjeros es un discurso vacío si antes no defendemos la soberanía más esencial: la del Estado de Derecho dentro de nuestras propias fronteras. Antes de mirar hacia afuera, debemos poner el foco en la realidad hiriente que vivimos a diario, donde la ley, las instituciones y el Estado enfrentan una amenaza interna constante.
México no necesita cerrar los ojos. Necesita abrirlos de golpe. ¿Cómo no ver el espacio vacío que deja un hijo o los más de 134 mil desaparecidos que arrastra el país? Las familias buscando en fosas, en cerros, en canales, en terrenos baldíos de Jalisco, Estado de México, Tamaulipas, Veracruz o Nuevo León. Madres convertidas en peritos, en rastreadoras, en detectives de un Estado rebasado. Vacíos abrumadores que representan vidas arrancadas, familias destrozadas y comunidades fracturadas.
¿Cómo cerrar la vista ante el cobro de piso convertido en impuesto criminal? En Michoacán, Zacatecas y otros estados, la violencia económica es palpable: pagar por vivir en tu propia casa o para abrir un pequeño negocio es una realidad brutal para miles de mexicanos que intentan sobrevivir honradamente. Este fenómeno refleja más que extorsión, es una toma de poder territorial del crimen organizado que ha logrado administrar regiones enteras, mientras la autoridad se queda en discursos vacíos.
La violencia diaria en Guanajuato, Colima, Morelos, Chihuahua, Baja California y Chiapas no puede ser normalizada. No son cifras ni titulares, son balaceras, desplazamiento forzado, carreteras tomadas y comunidades sitiadas por el miedo. No es aceptable que la gente tenga que huir o morir por falta de seguridad, ni en Guerrero ni en ningún otro lugar.
Es imposible no ver la vida diaria y el esfuerzo de miles de mexicanos para sobrevivir a malos gobiernos, gobiernos corruptos o gobiernos omisos....
No se puede pasar por alto e ignorar a funcionarios que traicionan a la población, que pactan con narcotraficantes, que ceden territorio a los criminales. Es una línea roja clara que debe remarcarse. No podemos permitir que la impunidad siga creciendo mientras algunos funcionarios utilizan pactos oscuros para asegurar su poder o beneficio personal.
Exigir resultados es una responsabilidad de todos, sin importar el partido o el nivel de gobierno.
Sí, no debemos ser ingenuos respecto a la agenda estadounidense —no siempre alineada con el bienestar de México—, pero quien viole la ley, sea extranjero o mexicano, debe ser procesado. Si la CIA o cualquier otra agencia operó fuera del marco legal mexicano, que se sancione. Si funcionarios fallaron en proteger a la población, que se castigue. La soberanía comienza por restablecer el orden, la justicia y la ley en casa. Y si no saben por dónde empezar, empiecen por Sinaloa.
México no necesita cerrar los ojos. Necesita abrirlos de golpe. Verlo todo. Nombrarlo todo. Exigir resultados reales a gobiernos de todos los partidos y de todos los niveles. Porque cuando un país normaliza el horror, el horror deja de pedir permiso.
¿De qué sirve un discurso de dos años de triunfo de la presidenta Sheinbaum en la plaza si no se corrigen errores, omisiones y divisiones de fondo? ¿De qué sirve hablar de transformación cuando la ley sigue sin llegar a donde más se necesita?
Los discursos pueden llenar plazas. Los resultados son los que deberían llenar la vida cotidiana de tranquilidad, justicia y libertad.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

Comments ()