Por Adela Navarro Bello
Legendarios fueron, en la historia política de Tijuana, los encontronazos que en la primera mitad de los noventa tenía el alcalde de la ciudad, José Guadalupe Osuna Millán, con el síndico procurador del Ayuntamiento, José Guadalupe Zamorano.
Aun cuando los dos eran panistas, Osuna Millán tenía al fiscalizador en contra, y Zamorano así lo presumía. Estaba pendiente de cualquier detalle de la administración, no sólo para supervisar, como era su función; también para sancionar en tiempo real conductas, convenios o contratos irregulares. La labor de un síndico es esa, y si alguien la ejerció a plenitud fue José Guadalupe Zamorano, ya fallecido hace algunos años.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...