Por Adriana Sandoval
Sentirte presa en tu propio cuerpo. Medir tu valor en miligramos de inyección o en centímetros de cintura. Ser, otra vez, una imagen antes que un ser de carne, hueso y pensamiento.
El otro día mi hija llegó a casa frustrada porque no le cerraba el vestido para la boda de su amiga. Venía llorando, pero en la mano traía un White Chocolate Mocha Frappuccino de 500 calorías. En ese instante vi resumida la paradoja de nuestro tiempo: la exigencia estética implacable chocando de frente contra un entorno diseñado para hacernos comer más, más rápido y con menos esfuerzo.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...