Por Sylvia Sánchez Alcántara
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Hablar de igualdad salarial es hablar de mucho más que de dinero. Es hablar de reconocimiento, oportunidades, libertad y dignidad. A igual talento, igual oportunidad. A igual responsabilidad, igual salario. La igualdad salarial no es un privilegio. Es justicia.

Durante décadas, las mujeres hemos conquistado espacios que antes parecían imposibles. Estudiamos, trabajamos, emprendemos, dirigimos empresas, ocupamos posiciones de liderazgo y somos protagonistas de grandes transformaciones. Sin embargo, todavía existe una brecha entre hombres y mujeres en los ingresos, las oportunidades de crecimiento y el acceso a los puestos donde se toman las decisiones.

Y esa brecha no aparece por casualidad. Está relacionada con los estereotipos, con la menor presencia de mujeres en determinadas profesiones y posiciones de liderazgo, con las interrupciones de carrera asociadas a la maternidad y, de manera muy importante, con la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados.

En México, las mujeres dedican muchas más horas que los hombres a estas tareas no remuneradas. Y cuando una sociedad considera que cuidar es principalmente responsabilidad de las mujeres, también está condicionando sus oportunidades económicas y profesionales.

Por eso, la igualdad salarial requiere mucho más que corregir una nómina. Necesitamos empresas que midan y eliminen brechas; políticas públicas que impulsen la corresponsabilidad en los cuidados; educación que prepare a niñas y jóvenes para participar plenamente en la economía; familias donde las responsabilidades sean compartidas y mujeres que conozcan y defiendan el valor de su talento.

Conoce tu valor. Haz una lista de tus conocimientos, experiencia, habilidades, logros y resultados. ¿Cuánto vale realmente todo lo que aportas? Enséñale a una niña matemáticas. Enséñale tecnología. Enséñale a negociar. Enséñale educación financiera. Y, sobre todo, enséñale que su futuro no tiene límites de género.

Porque una mujer que tiene ingresos propios no solamente tiene dinero. Tiene capacidad de decidir. Puede invertir en su educación, construir un patrimonio, preparar su retiro, emprender, apoyar a su familia y, sobre todo, elegir con mayor libertad el rumbo de su vida.

Eso es autonomía económica. Y la autonomía económica es libertad. No necesitas trabajar más que los demás para demostrar que mereces ganar lo mismo. Necesitas que tu trabajo sea valorado justamente.

No te disculpes por querer ganar más. No te disculpes por querer crecer. No te disculpes por aspirar a una posición de liderazgo. Tu ambición no necesita permiso. ¿Sabes cuánto gana alguien que ocupa un puesto como el tuyo? La información también es una herramienta de negociación.

Pero también necesitamos cambiar nuestra manera de hablar de igualdad. No se trata de regalar oportunidades a las mujeres ni de favorecerlas por encima de los hombres. Se trata de eliminar las barreras que impiden que el talento sea reconocido justamente.

Una sociedad no puede hablar de igualdad mientras las mujeres sigan encontrando techos para llegar a los puestos donde se toman las decisiones. Abrir oportunidades también es cerrar brechas.

No queremos privilegios. Queremos igualdad de oportunidades. Que el talento, la preparación y los resultados sean los que determinen hasta dónde puede llegar una mujer. La igualdad salarial no se consigue diciéndole a las mujeres que negocien mejor. También necesitamos empresas que midan, transparenten y corrijan sus brechas.

Hoy 18 de septiembre, Día Internacional de la Igualdad Salarial, es una oportunidad para preguntarnos qué estamos haciendo, como mujeres, empresas, familias, gobiernos y sociedad, para cerrar esta brecha.

Si eres líder o diriges una empresa, pregunta: ¿existe una brecha salarial? ¿Quiénes llegan a los puestos de decisión? ¿Qué podemos cambiar? La igualdad comienza cuando decidimos medirla y actuar.

Ayuda a otra mujer a crecer: comparte una oportunidad, recomiéndala, preséntala con alguien o sé su mentora. La igualdad también se construye entre mujeres.

Porque la igualdad no se construye solamente con buenas intenciones. Se construye con decisiones, políticas, oportunidades y acciones concretas.Ninguna mujer debería tener que elegir entre crecer profesionalmente, cuidar a su familia y construir su propio futuro.

Queremos una sociedad donde una mujer pueda cobrar lo que vale, llegar tan lejos como su talento le permita y tener la libertad económica para decidir sobre su propia vida.

Porque hay algo que nunca debemos olvidar: El talento no tiene género y su salario tampoco debería tenerlo. El reto es convertir el talento en autonomia con la igualdad salarial.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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