Por Elba, invitada Zoé

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Mi nombre es Ana Luz Dávila Morales, soy diseñadora gráfica, amante de la belleza, de la vida y de los pequeños detalles que la conforman.

Me gustaría compartir con ustedes mi historia de lucha contra el cáncer de mama.

 A los 36 años, en agosto de 2022, noté una pequeña bolita en mi seno derecho. Decidí consultar a mi ginecóloga, quien daba consultas en un hospital particular de renombre. Al examinarme, me dijo que era normal que aparecieran pequeñas bolitas en los senos y que generalmente eran de grasa. Me tranquilizó, asegurándome que no tenía de qué preocuparme y me recomendó fomentos de agua caliente para desinflamar.

 Un mes después, como familia, enfrentamos una situación muy fuerte. Mi madre enfermó de gravedad y pasamos semanas en el hospital acompañándola hasta su último aliento. Este periodo fue extremadamente doloroso, lleno de angustia, estrés y mucha tristeza. Sin embargo, para octubre, noté que la bolita había crecido considerablemente. A pesar del dolor emocional, regresé con mi ginecóloga para una nueva revisión. Me realizó un ultrasonido mamario y, aunque las imágenes mostraban algo inusual, ella me aseguraba que no era nada grave, que todo estaba bien mientras no presentara dolor o cambios físicos importantes. Me recetó un gel de progesterona, y confié en su diagnóstico como la experta en salud femenina que se supone que es.

 Pasaron varios meses cuando acudí a la siguiente consulta, ahí externé mi preocupación porque no disminuía de tamaño a pesar de continuar con las indicaciones y la doctora nuevamente me dijo que no había motivo de alarma, ya que no presentaba ningún otro síntoma.

Aproximadamente un año después, en septiembre del 2023, empecé a sentir molestias al hacer ejercicio. Saqué una nueva cita y le sugerí hacerme una mastografía, pero ella me insistía en que era “muy joven” para ese estudio. Yo sentía que algo no estaba bien. Finalmente, me dijo dónde realizarme un ultrasonido especializado. Ahí, otros médicos se mostraron preocupados porque encontraron algo anormal y me recomendaron hacerme una mastografía en el mismo lugar. Con los resultados sugirieron una biopsia, la cual me agendaron para dentro de un mes y tenía un costo elevado.

 A los pocos días, el dolor en mi seno era insoportable, por lo que acudí a urgencias del seguro social. Ahí me dejaron internada para hacerme estudios más detallados y fue cuando me dieron la noticia de que mi situación era bastante grave. Me dijeron que debía haberme atendido mucho antes. Me enviaron a la clínica especializada en Tláhuac donde me hicieron la biopsia. Finalmente, a mediados de octubre de 2023, me dieron el diagnóstico: cáncer de mama triple negativo en etapa III C.

 Al recibir esta noticia, sentí una mezcla entre miedo y desesperanza. El dolor físico era intenso, pero el impacto emocional fue igual de abrumador. En ese momento, todo mi mundo se derrumbó. No podía dejar de pensar en cómo este diagnóstico me afectaba no sólo por mi salud, sino también por ser una mujer joven y soltera. Sentía que el cáncer me nublaba la visión de un futuro prometedor. Siempre he soñado con conocer a alguien especial y formar una familia, y el diagnóstico me hizo sentir que esos sueños se alejaban cada vez más. 

La gineco-oncóloga indicó realizar una mastectomía radical extrema que abarcaría desde el vientre bajo hasta la clavícula, para eliminar por completo el tumor, que ya medía 13 cm. El dolor que sentía me hizo estar dispuesta a todo.

Antes de tomar esa decisión, participé en una terapia alternativa a distancia que me eliminó el dolor por completo y me ayudó a despejar la mente. En la siguiente cita me presenté sin dolor, con claridad de pensamiento, y, siguiendo mi intuición, pedí otra opción. Fue entonces cuando me derivaron con la oncóloga quien sugirió iniciar quimioterapia en lugar de una cirugía.

En noviembre me dijeron cuál sería el esquema de tratamiento en el IMSS —cuatro quimios rojas, cuatro quimios blancas, luego cirugía y radioterapia, el llamado "tratamiento sándwich"—,   antes de tomar la decisión, quise asegurarme de estar haciendo lo correcto debido a lo que ya había sucedido anteriormente. Consulté a un oncólogo particular, quien me recomendó comenzar la quimioterapia inmediatamente. Aunque quería preservar mis óvulos antes del tratamiento, ya que en el futuro me gustaría tener hijos, me dijo que por ahora lo primordial era salvar mi vida y que después podríamos ver la otra parte. Me impresionó su ética, ya que no solo era oncólogo, sino que también había creado una fundación para personas que padecen cáncer de mama, y me recomendó seguir el tratamiento del seguro, el mismo que él sugeriría. La quimioterapia ya estaba programada para el día siguiente.

Mi camino en el tratamiento no ha sido fácil, ya que también ha estado rodeado de pérdidas personales muy profundas. La enfermedad y fallecimiento de mi mamá en el 2022 han sido la experiencia más dolorosa que he vivido, y estoy segura de que el estrés y la tristeza contribuyeron al avance de mi enfermedad. En diciembre del 2023, perdí a mi abuelo paterno, y en febrero del 2024 a mi tía abuela, quien era como una segunda madre y quería ayudarme con sus conocimientos de enfermería en mi recuperación para después de la cirugía, y a la par de mi diagnóstico, les detectaron cáncer a dos tías muy queridas.

A pesar de tantas pérdidas, he tenido el apoyo incondicional de mi familia, especialmente de mi papá, mi hermano y la familia muy cercana, quienes no han soltado mi mano en ningún momento.

Cuando me dijeron cuál sería mi tratamiento, no sabía cómo enfrentarlo. Sabía que venían tiempos difíciles. Pero en ese proceso, encontré personas maravillosas que me acompañaron, desde una enfermera en el seguro que, con sus años de experiencia en pacientes oncológicos, me brindó un apoyo invaluable, hasta la cirujana oncóloga que me tranquilizó antes de mi operación, cuando llegué al quirófano aterrorizada, llorando y llena de miedo. Me preguntaron qué música me gustaba, y antes de que me administraran la anestesia, me pusieron una canción de Avicii. Ese gesto y las palabras de aliento de la doctora me dieron el coraje para enfrentar la cirugía.

Antes de la operación, tomé la decisión de despedirme temporalmente de las personas que amo, de mis amigos y familiares. No sabía cómo enfrentar este proceso. Necesitaba tiempo a solas para procesar todo lo que estaba viviendo, para encontrar la valentía y el coraje que me permitieran reconstruirme, siendo un momento de introspección, un proceso de duelo por todo lo que estaba dejando atrás, por la incertidumbre de los cambios y de lo que estaba por venir.

 Poco después de haber iniciado con las quimioterapias, una amiga fisioterapeuta me habló de SALVATI, una fundación que apoya a pacientes con cáncer de mama. Me ayudaron a encontrar respuestas cuando más perdida me sentía. Salvati juega un papel fundamental, con ellas dejé de sentirme como un simple "ratón de laboratorio". Allí me sentí escuchada, comprendida y acompañada de manera humana. Me ayudaron con información clara sobre mi cáncer, cómo funcionaba la quimioterapia y los cuidados necesarios, las cirugías y sus implicaciones. En nutrición, me dieron estrategias para lidiar con los efectos secundarios como las náuseas. En fisioterapia, me ayudaron con ejercicios previos a la cirugía, me orientaron sobre los cuidados postquirúrgicos, me ayudan a prevenir el linfedema con una manga especializada. También me informaron sobre todo el proceso de la radioterapia y me apoyaron con cremas para antes y después de esta. La terapia psicológica está siendo crucial para mi bienestar emocional ya que nadie nos prepara para esto, y aunque ya había acompañado a una de mis mejores amigas en su proceso de lucha contra el cáncer, vivirlo en carne propia es otra cosa. Ella también ha sido un gran faro y guía, porque ella ya vivió y superó con éxito todo esto.

Ahora, poco a poco, empiezo a reincorporarme a la sociedad con la ayuda de SALVATI y Pintaditas a Tu Salud. Me han invitado a participar en talleres de arte, conferencias y diversas actividades, donde he estado acompañada por mujeres que han enfrentado esta batalla antes que yo. Algunas de ellas lo hicieron hace años, y otras recientemente. Estos espacios han sido fundamentales para mi regreso a la luz, para reconectar con el mundo, y para recordar que no estoy sola en este camino. 

Me dieron radioterapias en el Centro Oncológico de Morelos debido a que el Siglo XXI estaba saturado. Todo septiembre fue un momento para compartir en familia porque nos fuimos esa temporada a Cuernavaca, yo no lo sentí como vacaciones porque no podía nadar ni dejar que me diera el sol. Estaba muy cansada la mayoría del tiempo y mi apetito se vio muy afectado debido a que sólo quería tomar elecciones de alimentos con mucho sabor como los ultra procesados y subí mucho de peso, esto también me afectaba anímicamente.

Llevé tratamiento de quimioterapia oral, lo cual fue un reto, ya que el medicamento era difícil de conseguir en el seguro debido a la escasez de este y su alto costo. El tratamiento constaba de dosis altas debido a mi peso y estatura, esto me mantenía muy agotada durante las dos semanas que la tomaba y la semana que descansaba podía realizar actividades físicas un poco más demandantes y tenía que dejarlas al retomar el medicamento, los dedos de las manos y de los pies se obscurecieron, pero en este periodo ya pude recobrar mi apetito por la comida saludable y comencé de nuevo a cuidar mi alimentación.

Inicié con la primera quimioterapia el 9 de noviembre del 23 y la última pastilla que tomé fue el 24 de noviembre del 2024 y ese fue el final del tratamiento oncológico. A partir de entonces ya me encuentro en REMISIÓN después de un año de dolores, incertidumbre, altibajos, ir y venir, después de todo el esfuerzo, del apoyo de la familia y amigos ahora me encuentro libre de todo eso y puedo dejarlo en el pasado. Ahora me encuentro sumamente agradecida por todo lo que he vivido y aprendido. Estoy enfocada en mi persona, en mi desarrollo personal y en mi bienestar. 

Una de las actividades físicas que inicié para reactivar mi cuerpo fueron las caminatas matutinas de 3km en una hora y otra fueron las clases de baile social, aquí fue donde conocí a la Comunidad MUSAS donde me he sentido entendida y acogida por muchas mujeres que ya vivieron lo que yo estoy viviendo. Son personas que, como yo, disfrutan al máximo esta segunda oportunidad de vida.

Con ellas realizamos pelucas con el cabello que donan a la fundación, tomamos clases de expresión artística, talleres de escritura, tomamos clases de baile como el tango terapéutico y folklore. Hemos hecho presentaciones en teatros, ayudamos a que otras mujeres que están en tratamiento vuelvan a sentirse hermosas al usar las pelucas que se les donan y ayudarles a arreglarse para que puedan ver todo con una actitud positiva, ya que para mí esta es la clave para vencer la enfermedad. Ser parte de esta comunidad y poder ayudar dando mi testimonio y apoyo le da un nuevo propósito al estar aquí.

Este proceso ha sido largo y difícil, pero me ha enseñado algo fundamental: no hay edad para las enfermedades. Es vital escuchar a nuestro cuerpo, acudir a expertos y seguir nuestra intuición cuando algo no se siente bien. Este camino no lo elegí, pero lo que sí puedo elegir es la actitud con la que enfrento cada reto.

 Para concluir, quiero agradecer a Dios, porque gracias a Él me he recuperado exitosamente, ya que ¡CON DIOS TODO ES POSIBLE! También agradezco a mi familia, a mis amigos, las personas maravillosas que me han acompañado, a Salvati, a MUSAS y a todas las mujeres valientes que me han acogido como una más de ellas.

Su apoyo me ha recordado que, aunque el diagnóstico sea oscuro, la vida continúa y está llena de luz. Mi historia no ha terminado. Este es sólo el principio de una nueva oportunidad que Dios me ha regalado para vivir esta segunda vida, disfrutar y crear.

Gracias, gracias, gracias.


Zoe es un proyecto editorial de Opinión 51 que busca contar historias de pacientes de cáncer de mama, sus miedos pero también su motivación y su fuerza. Creemos que las palabras abrazan y acompañan, tu historia puede ser una fuente de esperanza para alguien más.

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