Por Bárbara Anderson

Leí una nota de El País sobre Cabo Verde, un archipiélago donde las tortugas marinas regresan cada año a desovar mientras miles de jóvenes se marchan buscando un futuro que la isla no les ofrece. Pensé en Michoacán antes de terminar de leer el primer párrafo. Pensé, sobre todo, en una adolescente que no conozco y de la que solo sé lo que contó su madre, bajo anonimato en Cambio de Michoacán. Su hija tenía 16 años y salía de clases en Apatzingán cuando una camioneta blanca se atravesó en su camino. La secuestraron a 100 metros de un ciber donde había ido a imprimir una tarea. "Nunca entendí por qué la secuestraron, no me he metido en ningún grupo", dice su madre. Meses después, cuando su hija pudo volver a casa, ya no había otra decisión posible: emigrar a Estados Unidos. No fue la primera adolescente de esa región en irse así, y no será la última.

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