Por Carmen Espinosa Noreña
Cada año, miles de empresas repiten el mismo ritual.
Los equipos directivos se reúnen durante uno o dos días para analizar tendencias, revisar indicadores, construir escenarios y definir el rumbo de la organización. Al terminar, regresan con un documento impecable, una presentación inspiradora y la convicción de que el futuro ya está trazado.
Durante décadas creímos que ese era el corazón de la estrategia.
Hoy ya no estoy tan segura.
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