Por Claudia Pérez Atamoros
Las conversaciones me dicen mucho, casi tanto como leer cada mañana a las columnistas de opinión. Entre unas y otras siempre encuentro preguntas por descifrar, recuerdos que desempolvar y muchas cuartillas todavía por escribir.
La lectura de Leer la ceja, de Edmée Pardo, me llevó al espejo. Y al recuerdo. Dos pequeñas franjas de pelo pueden modificar un rostro entero, con la intervención de una enemiga disfrazada de cosmetóloga o sin ella. Pero hay dos clases de cejas de las que se habla menos.
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