Por Cristina Gutiérrez
Tras las negociaciones sostenidas el fin de semana en Suiza, las delegaciones de Estados Unidos e Irán acordaron la madrugada del lunes 22 una hoja de ruta que les permita llegar a un acuerdo final que termine con el conflicto actual en un plazo de 60 días. Se espera que en el transcurso de la semana continúen las negociaciones entre ambos países donde se tratarán temas como el libre tránsito a través del estrecho de Ormuz, el alto al fuego en Líbano, las inspecciones del programa nuclear de Teherán y el levantamiento de sanciones por parte de Estados Unidos a la venta de petróleo iraní.
Dentro de los muchos obstáculos que presentan las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para terminar con la guerra que inició hace casi cuatro meses, probablemente el mayor sea la negativa por parte de Israel a retirar sus fuerzas de ocupación del sur de Líbano. El inicio del acuerdo en Suiza representa un respiro para la población de ese país árabe, donde la ofensiva israelí ha dejado un saldo de 4,106 muertos y 12,153 heridos, sin embargo, la tregua no implica la retirada del ejército de Israel de la zona que ocupa ni el regreso de los cientos de miles de desplazados a sus hogares. El día de ayer, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu junto con su ministro de defensa, Israel Katz, afirmaron que mantendrán su ocupación militar en el sur del territorio libanés como una “medida de seguridad”. El gobierno de Irán ha amenazado en más de una ocasión con poner fin a las negociaciones con Estados Unidos si Israel no se retira del Líbano y no cesa sus operaciones militares en ese país.
Lo que está haciendo Israel en el Líbano y su renuencia a retirar sus fuerzas de ocupación a pesar de los esfuerzos para poner fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán no es un caso aislado sino un patrón que es aún más evidente dentro de los territorios palestinos. Bajo los términos del acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás de octubre de 2025, las Fuerzas de Defensa Israelíes se comprometían a replegarse y mantener temporalmente su presencia militar únicamente en el 53% de la Franja de Gaza. Sin embargo, el ejército israelí ha superado dicho porcentaje, controlando primero el 64% y posteriormente expandiendo su dominio militar hasta abarcar actualmente el 70% del enclave palestino, restringiendo severamente el espacio disponible para la población civil de Gaza y limitando el flujo de la ayuda humanitaria.
Por su parte, la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ha alcanzado niveles sin precedentes, acelerando el desplazamiento de comunidades palestinas enteras y la apropiación de tierras por parte de los colonos judíos. El gobierno de Netanyahu ha aprobado en meses recientes la construcción de decenas de nuevos asentamientos en tierras palestinas, incluyendo la “legalización” retroactiva de cientos de viviendas. Aproximadamente 750,000 colonos viven actualmente en asentamientos ilegales en los territorios palestinos de Cisjordania y Jerusalén Oriental.
Gaza, Cisjordania y ahora Líbano. Con sus acciones desde el 7 de octubre de 2023 Israel parece querer redibujar sus fronteras y las del resto de la región. Tanto Benjamín Netanyahu, como los ministros de ultraderecha Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir han apoyado abiertamente la idea de redefinir las fronteras de Israel y colonizar territorios más allá de sus límites. El primer ministro israelí lo definió como el “nuevo Oriente Medio” y coincide con el sueño sionista de “el Gran Israel”, un concepto político y religioso que reclama la expansión territorial del Estado de Israel basado en lo que consideran el “Israel bíblico”. Los defensores de “el Gran Israel” se basan en interpretaciones bíblicas para aspirar a un Estado con fronteras desde el río Nilo hasta el río Éufrates, incluyendo el control total de la Palestina histórica y abarcando territorios del Líbano, Siria, Jordania, Irak y partes de Arabia Saudita. Y aunque esta visión es meramente utópica, las acciones de Israel en Gaza, Cisjordania y recientemente en el Líbano, la permanencia de su ocupación militar en estos territorios y su negativa a cumplir los acuerdos en una flagrante violación del derecho internacional, ponen en evidencia que lejos de tratarse de “medidas de seguridad” son parte de un proyecto expansionista y de colonización que durante décadas ha estado arraigado en los gobiernos de extrema derecha israelíes. Habrá que esperar para ver cómo afecta el desarrollo de las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán la continua ocupación israelí del sur del Líbano y qué consecuencias tendrá esto en la relación, aparentemente ya no tan incondicional, entre los gobiernos de Trump y Netanyahu.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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