Por Patricia Conde Juaristi

Era la madrugada. Contesté el teléfono y escuché una voz lejana y entrecortada. No me sorprendí. En una suerte de vacío de sentimientos, me vestí de luto. Llegué casi a tiempo.

Unos trataban de consolarse con un consuelo imposible; otros, simplemente, estaban. Yo me dirigí al cubículo que me señaló una enfermera acostumbrada a dar malas noticias.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.