Por Sandra Romandía
Claudia Sheinbaum había dejado correr, desde hace meses, un mensaje entre algunos de sus colaboradores y personajes cercanos a Palacio Nacional: 2027 sería el momento de comenzar a construir poder propio; no solamente ganar gubernaturas bajo las siglas de Morena, sino colocar perfiles que respondieran a una lógica política distinta a la de los grupos heredados, porque quien controle las candidaturas estatales tendrá también capacidad de incidir en las listas al Congreso, en los congresos locales y en buena parte de la estructura con la que la Presidenta llegará a la segunda mitad de su sexenio; era, en otras palabras, la oportunidad de comenzar a gobernar con piezas propias y no únicamente administrar el enorme rompecabezas que recibió de Andrés Manuel López Obrador.
Las primeras designaciones, sin embargo, están mostrando una realidad bastante más compleja; Morena ya definió diez de las 17 llamadas Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional —ese largo eufemismo con el que el partido evita llamar candidatos a quienes, en los hechos, se perfilan para serlo— y varias decisiones muestran el peso que conservan gobernadores y grupos regionales; en Guerrero, Beatriz Mojica se impuso sobre Esthela Damián, una figura mucho más cercana a Sheinbaum; en Quintana Roo quedó Eugenio “Gino” Segura, exsecretario de Finanzas de Mara Lezama, cuya designación ha sido interpretada como una victoria política de la gobernadora; mientras que en Baja California ocurrió lo contrario, Julieta Ramírez desplazó al alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, identificado como la opción de Marina del Pilar.
Pero el caso que merece una lupa es Zacatecas; ahí fue designada Verónica Díaz Robles, senadora con licencia, exdelegada de los programas del Bienestar y una mujer cuya historia política y familiar está ligada al grupo Monreal; Díaz estuvo casada con Luis Enrique Monreal Ávila, hermano de Ricardo y del gobernador David Monreal, y su llegada provocó algo difícil de disimular incluso en la escenografía de unidad que Morena preparó para sus destapes: reclamos de “fraude”, gritos de “fuera el monrealismo”, la ausencia de actores relevantes y un PT que decidió no acompañar la ceremonia.
Fuentes cercanas a este proceso aseguran que la relación política de Verónica Díaz con el grupo Monreal permanece más vigente que nunca. Pero algo más alarmante: fuentes consultadas sostienen además que detrás de algunas de estas encuestas existe un mecanismo que, de comprobarse, explicaría por qué ciertos resultados internos pueden alejarse tanto de las mediciones públicas: el asunto no estaría necesariamente en quién hace la encuesta, sino en quién decide dónde se hace.
Según una fuente con conocimiento directo de estos procesos, las casas encuestadoras no necesariamente realizarían por sí mismas la estratificación territorial con la que determinan dónde levantar sus cuestionarios; sería Morena quien proporcionaría las secciones electorales donde debe levantarse la muestra y, todavía más delicado, esas zonas podrían conocerse anticipadamente y de manera irregular por el aspirante que se busca posicionar, permitiéndole concentrar ahí estructura, presencia y operación política mientras los demás recorren el estado completo; la fuente lo describe como una operación diseñada para producir ventaja territorial antes de que aparezca el primer encuestador.
No hay hasta ahora evidencia pública suficiente para afirmar que éste haya sido el mecanismo utilizado para definir Zacatecas; pero sí existe una anomalía que amerita explicaciones: diversas encuestas públicas colocaban a Ulises Mejía Haro por encima de Verónica Díaz y, pese a ello, el resultado interno terminó favoreciendo a Díaz; Morena tampoco hizo públicos, al anunciar la designación, todos los elementos metodológicos y resultados que permitirían despejar las dudas, mientras dirigentes inconformes cuestionaron precisamente la transparencia del procedimiento.
Y aquí aparece el verdadero problema político para Sheinbaum; porque las encuestas fueron durante años una extraordinaria herramienta obradorista para resolver sucesiones sin llamarlas dedazo, una suerte de oráculo demoscópico cuya palabra final permitía que las decisiones políticas adquirieran apariencia científica; pero cuando los resultados comienzan a contradecir de manera pronunciada las mediciones conocidas y, además, alrededor del ganador aparece la estructura del gobernante en turno o de una familia que lleva décadas administrando parcelas de poder, la encuesta deja de cerrar la discusión y empieza justamente a abrirla.
Yo lo dejaría en un solo párrafo, más contundente:
Lo que Morena presenta como encuestas comienza a parecerse también a un recuento de fuerzas estatales; fuentes del propio partido, del Verde y del PT aseguran que algunos gobernadores hicieron saber a la dirigencia que difícilmente garantizarían la operación electoral de 2027 si sus corcholatas quedaban fuera. Los resultados alimentan esa lectura: Gino Segura, cercano a Mara Lezama; Carlos Torres Piña, al grupo de Ramírez Bedolla; Verónica Díaz, al monrealismo; Pablo Gutiérrez Lazarus, respaldado por Layda Sansores. Las mismas fuentes sostienen que Sheinbaum decidió no intervenir, incluso cuando quedaron fuera personajes cercanos a su proyecto; el problema es que el espacio que no ocupa Palacio lo ocupan los poderes locales. Si el método son las encuestas, publicar metodología, secciones y resultados completos sería la manera más sencilla de disipar las sospechas.
Zacatecas resulta especialmente incómodo porque el discurso contra el nepotismo choca con una realidad más sofisticada que los árboles genealógicos; la reproducción del poder no necesita siempre compartir apellido, matrimonio o acta de nacimiento, también puede transmitirse mediante grupos, estructuras, operadores, presupuestos y lealtades; prohibir que un familiar suceda inmediatamente a otro puede cerrar la puerta principal, pero sirve de poco si la estructura política conserva las llaves de todas las ventanas. Recordemos, los hijos de Verónica llevan el apellido Monreal.
Por eso lo ocurrido en Zacatecas rebasa a Díaz y a Mejía; lo verdaderamente relevante es quién está decidiendo las sucesiones de Morena y cuánto poder tiene Claudia Sheinbaum para modificar los equilibrios que heredó; quedan siete coordinaciones por resolver y todavía es demasiado pronto para concluir hacia dónde terminará inclinándose la balanza, pero las primeras diez dejan una señal imposible de ignorar: los gobernadores y los viejos grupos del movimiento no parecen dispuestos a entregar sus territorios simplemente porque desde Palacio Nacional haya comenzado un nuevo sexenio.
Sheinbaum quería que 2027 comenzara a dibujar su propio mapa de poder; Zacatecas acaba de recordarle que en Morena hay quienes llevan muchos años dibujando el suyo.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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