Por Sandra Romandía

Claudia Sheinbaum había dejado correr, desde hace meses, un mensaje entre algunos de sus colaboradores y personajes cercanos a Palacio Nacional: 2027 sería el momento de comenzar a construir poder propio; no solamente ganar gubernaturas bajo las siglas de Morena, sino colocar perfiles que respondieran a una lógica política distinta a la de los grupos heredados, porque quien controle las candidaturas estatales tendrá también capacidad de incidir en las listas al Congreso, en los congresos locales y en buena parte de la estructura con la que la Presidenta llegará a la segunda mitad de su sexenio; era, en otras palabras, la oportunidad de comenzar a gobernar con piezas propias y no únicamente administrar el enorme rompecabezas que recibió de Andrés Manuel López Obrador.

Las primeras designaciones, sin embargo, están mostrando una realidad bastante más compleja; Morena ya definió diez de las 17 llamadas Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional —ese largo eufemismo con el que el partido evita llamar candidatos a quienes, en los hechos, se perfilan para serlo— y varias decisiones muestran el peso que conservan gobernadores y grupos regionales; en Guerrero, Beatriz Mojica se impuso sobre Esthela Damián, una figura mucho más cercana a Sheinbaum; en Quintana Roo quedó Eugenio “Gino” Segura, exsecretario de Finanzas de Mara Lezama, cuya designación ha sido interpretada como una victoria política de la gobernadora; mientras que en Baja California ocurrió lo contrario, Julieta Ramírez desplazó al alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, identificado como la opción de Marina del Pilar.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.