Por Diana Murrieta*
Hay frases que logran capturar el espíritu de un evento. En este Mundial, una de ellas —impulsada por el gobierno mexicano— ha sido “La pelota vuelve a casa”, una referencia al regreso de México como anfitrión de la máxima fiesta del fútbol. Es una frase emotiva, poderosa y capaz de despertar orgullo en millones de personas.
Pero esta semana, mientras miles celebraban el inicio del torneo, un grupo de madres buscadoras recordó una realidad que no cabe en los estadios, en las ceremonias de inauguración ni en las transmisiones deportivas: hay personas que no vuelven a casa.
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