Por Edelmira Cárdenas

Hay mujeres que se quitan la ropa, pero nunca la culpa. Mujeres que aprendieron a esconder el deseo detrás de la prudencia, a bajar la voz cuando hablan de placer y a sentirse “demasiado” si disfrutan su cuerpo con libertad. Mujeres que todavía se disculpan por sentir, por fantasear, por querer más ternura, más intensidad, más erotismo o simplemente más conexión consigo mismas.

Y no, la culpa sexual no aparece de la nada. No nacemos pensando que el placer es incorrecto. Esa idea llega después. A veces disfrazada de educación, de religión, de comentarios familiares, de relaciones donde alguien juzgó el cuerpo femenino como si fuera territorio público. La culpa se instala lentamente, en frases pequeñas, miradas incómodas y silencios largos: Una mujer decente no hace eso. No seas tan intensa. Compórtate. Eso es vulgar. Las niñas buenas no piensan así.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.