Por Edelmira Cárdenas

Hay personas que llegan para quedarse, y otras que llegan para irse. Y luego están esos especímenes emocionales que llegan para revolverte el ADN sentimental, hacerte cuestionar todo lo que creías saber sobre el amor y desaparecer justo cuando estabas intentando entender qué demonios estaba pasando.

Sí, de esos estoy hablando. Durante mucho tiempo nos vendieron la idea de que una gran historia de amor debía sentirse como un eclipse emocional: perder la cabeza, el apetito, la capacidad de concentración y, si la cosa iba muy mal, hasta la dignidad.

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