Por Edmée Pardo
Cuando ocurre un terremoto, lo primero que queremos saber es de cuántos grados fue. La respuesta es un número con un decimal: 6.2, 7.5, 8.1. Pareciera que con eso basta para comprender los alcances del fenómeno. Pero leer un sismo exige una alfabetización distinta.
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La escala de Richter nació en 1935, cuando el sismólogo estadounidense Charles Francis Richter, en colaboración con Beno Gutenberg, del Instituto Tecnológico de California, buscaba una forma objetiva de comparar el tamaño de los terremotos registrados en el sur de California. A diferencia de la escala Mercalli, que medía un sismo según sus afectaciones visibles, la escala de Richter propuso medir la magnitud de la energía liberada en el foco del terremoto.
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