Por María Emilia Molina de la Puente* 

Hay algo revelador en la manera en que México discutió el caso de las playeras bordadas para Adidas por artesanas indígenas. No solo por las cifras sobre cuánto se les pagó. Ni siquiera por el debate sobre si hubo o no explotación. Lo verdaderamente revelador fue la reacción de muchísimas personas defendiendo esas condiciones como si fueran razonables. O peor aún: como si fueran admirables.

“Pero están felices”. “Al menos tienen trabajo”. “Es una gran oportunidad”. “Ahora el mundo conoce su talento”. “Antes no tenían nada”.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.