Por Gina Ileana Chacón*
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La Cotorra Serrana cruza los bosques de Chihuahua con semillas en el pico. Al soltarlas, ayuda a que el suelo se regenere y se mantenga con vida el ecosistema. Su hogar es el Área de Protección de Flora y Fauna Tutuaca, donde comunidades enteras han hecho de su conservación una convicción colectiva.

Nombrar y reconocer este acto es político. Frente a una crisis climática que puede parecernos inabordable, mirar lo cotidiano y lo pequeño —donde ya hay soluciones que ocurren día a día— nos devuelve la capacidad de actuar.

Y hay una manera concreta de hacerlo. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2027 aún no se aprueba. Todavía se puede hacer un llamado para que se modifique. Porque tal como está, pone en riesgo a Tutuaca y a la Cotorra Serrana, pero también a las otras 231 áreas naturales protegidas de México y a las personas que, con lo mínimo, sostienen esos lugares.

El PPEF 2027 asigna a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) 1,591 millones de pesos. Frente al presupuesto modificado con el que cerrará 2026 —1,605 millones—, son 14 millones menos. En el papel parece poco. En el territorio, es menos equipo, menos gasolina, menos presencia para cuidar lo que importa.

Pero el recorte no golpea solo el monto global. El programa “Conservación y Manejo de Áreas Naturales Protegidas” —vigilancia, protección, restauración y aprovechamiento sustentable— pierde 41 millones de pesos en términos reales; y el programa “Articulación de la Política Ambiental y de Recursos Naturales” pierde 55 millones en términos reales frente al presupuesto modificado del 2026.

La presión presupuestaria sobre el territorio es visible en este 2026 en importantes reservas de la biósfera. En la de Calakmul pasó de 1,310,888 a 386,486 pesos: 70% menos. En la de la Mariposa Monarca, de 540,859 a 112,295: 79% menos. Con esos montos no se puede sostener ni la vigilancia mínima para proteger dos territorios amenazados por la tala ilegal y la extracción de especies.

México hoy protege 98 millones de hectáreas de áreas naturales protegidas. En 2018 eran 90 millones. Sí, ahora tenemos más áreas protegidas y menos recursos públicos para cuidarlas. En el papel crecen y en su operación se encogen. Para 2027 el PPEF propone 16.2 pesos por hectárea protegida. Pero este no es sólo un problema que enfrenta la Conanp, sino todo el sector ambiental. Entre 2006 y 2026 el presupuesto para la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) cayó 47% en términos reales. Y esta es una tendencia que no se ha logrado revertir. El Estado mexicano no asigna recursos para cuidar nuestro ambiente de manera progresiva. 

El presupuesto federal muestra las prioridades del gobierno. Y en territorio se refleja de esta manera: donde hay recursos, hay presencia. Donde hay presencia, hay conservación. Donde no, el territorio se queda sólo, y en el mejor de los casos las comunidades hacen lo que pueden para sostener los ecosistemas que generan bienestar a toda la población mexicana.

Por eso la pregunta de fondo no es cuánto dinero se recorta, sino qué se pretende cuidar con el escaso presupuesto disponible. México invierte 0.1% del PIB en medio ambiente. La CEPAL estima que se necesita al menos 3.7%. Es 37 veces menos. Y hay varios compromisos que México ha firmado en materia ambiental, entre ellos la Meta 3 del Marco Mundial de la Diversidad Biológica, en el que se comprometió a proteger el 30% del territorio al 2030.

La brecha financiera de la Conanp asciende a 200 millones de dólares, según lo reconocido por las propias autoridades. Esa es la distancia entre lo que decimos cuidar y lo que verdaderamente sostenemos con recursos públicos. 

Este momento de crisis climática y ambiental evidencia que hay miles de personas, especies y ecosistemas que están eligiendo la vida todos los días. Y esto nos muestra que esa conservación, la que resiste, no es prioridad para el Estado. Y se ve en el presupuesto.

Cuidar lo que importa es una decisión. Y en México se toma cada año en el presupuesto. La discusión sigue abierta y tiene fecha límite: noviembre. ¿Y si tomamos la oportunidad de demandar a las autoridades que presupuesten recursos suficientes para cuidar el ambiente y los ejerzan con transparencia?

La hazaña está en lo cotidiano: la Cotorra Serrana lo hace volando y esparciendo semillas en el bosque; la nuestra puede estar en exigir un presupuesto público que dé a las personas las herramientas y condiciones para cuidar lo que importa: nuestro patrimonio natural.

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*Gina Ileana Chacón es directora de Política Pública del Programa México de Wildlands Network y miembro de la coalición Noroeste Sociedad Civil para la Sustentabilidad Ambiental NOSSA, que publicará en octubre su informe "Cuidar lo que importa: el presupuesto para el cuidado del ambiente y las áreas naturales protegidas en el PPEF 2027”.

pie de foto: Voluntarios en el Área de Protección de Flora y Fauna Tutuaca, Chihuahua. Foto: Mónica Vázquez / Wildlands Network


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