Por Ingrid Motta
La misma semana en que Sam Altman repetía en un podcast que "ya estamos, más o menos, en la singularidad", América Móvil anunciaba que va a desplegar agentes de inteligencia artificial en sus operaciones de América Latina y Europa para contener costos, afinar la administración de sus redes y entender mejor a sus clientes. Open AI promete el nacimiento de una inteligencia superior a la humana y América Móvil promete recortar la nómina de un call center. Conviene analizar ambas posturas, porque cuentan la misma historia desde dos extremos, pero coinciden en ser narradas desde una posición de poder.
Altman lo vaticinó en 2025, cuando escribió que "hemos cruzado el horizonte de eventos; el despegue ha comenzado", y este julio subió la apuesta declarándose ya dentro de una "singularidad suave", una transición gradual e inofensiva hacia la superinteligencia. Sin embargo, la evidencia dura contradice la prometida tersura. Análisis recientes señalan que la IA sigue bajo control humano, los retornos empresariales son modestos, la adopción es despareja y no hay todavía un impacto macroeconómico verificable.