Por Ivabelle Arroyo
Defender la democracia mexicana de la intervención extranjera no es una mala idea. Ningún país debe aceptar que un gobierno ajeno, una agencia, una organización financiada desde fuera o una red de propaganda digital decida por sus ciudadanos quién gana una elección. Claro que no. La soberanía electoral importa y la integridad del voto, más.
Pero entonces, ¿por qué se alzaron las voces críticas ante la propuesta de Ricardo Monreal para declarar la nulidad de las elecciones cuando haya injerencia extranjera? Su propuesta, en abstracto, no suena mal, pero el diablo —dice el lugar común— está en los detalles. Los periodistas diríamos que el problema no está en el propósito declarado, sino en la herramienta que están colando bajo la mesa.
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