Por Lourdes Encinas Moreno
Bienvenido, si cuenta con tarjeta de recompensa escanéela ahora.
Llevaba prisa y cuatro artículos; ni siquiera tomé carrito, los equilibraba en mis brazos como malabarista de crucero. Esa es mi coartada. El supermercado acababa de estrenar cajas de autocobro, relucientes, con esa voz sintética de mujer que te guía durante la operación. Yo, sintiéndome moderna y eficiente, caí redondita. Escaneé, pagué y guardé en tres minutos… un triunfo de la productividad.
Fue al levantar la mirada cuando el triunfo se me atragantó y los lentes se me empañaron.
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