Por Mariana Robles
En cirugía hay una regla: no todas las heridas se deben cerrar.
Las recientes, limpias y sin tensión permiten afrontar los bordes sin problema. Se suturan, se cubren, cicatrizan. El cuerpo coopera cuando las condiciones son ideales.
Pero cuando una herida se abre varias veces, cuando hay inflamación persistente o un fondo que sigue supurando, intentar cerrarla es un error. Los hilos atrapan dentro todo lo que debe salir.
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