Por Perla Acosta*
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Desde Ecatepec, donde ser mujer es un riesgo, llevamos casi 20 años demostrando que el deporte puede salvar vidas y derribar machismos. Y lo decimos nosotras desde Más Sueños, porque lo hemos vivido en carne propia.

Si caminas por San Pedro Xalostoc o por la Ciudad Azteca, en Ecatepec, verás lo que muchos prefieren ignorar: calles con baches, falta de agua, inseguridad a flor de piel y una desigualdad que se siente en el aire. Pero lo que más duele no es el pavimento roto, sino la violencia machista que ahí se respira. Y ojo, porque no es cualquier cosa: Ecatepec es el municipio más peligroso para ser mujer en todo México y América Latina. Así nomás, sin exagerar.

Y mientras la FIFA se llena los bolsillos con estadios llenos y contratos millonarios, en las colonias populares el fútbol sigue siendo cosa de hombres. Las niñas y mujeres, si acaso, miran desde la banqueta. Porque el machismo también se juega en la cancha. Pero nosotras, Más Sueños, con casi 20 años de experiencia, llegamos para recordar que el futbol no es solo para la FIFA, y que si excluyes a las mujeres, pues simplemente no hay futbol que valga la pena.

Nuestra historia: de ver desigualdad a convertirla en lucha

Desde muy chicas vimos el trato desigual que se les daba a las mujeres, lo que padecían y las violencias que sufrían. Esa realidad nos marcó y nos dio las ganas suficientes para hacer algo que generara un cambio.

Y no nos quedamos en las palabras. Un día nos invitaron a dar una plática sobre violencia de género en Ecatepec, pero pensamos: "si damos una plática, nadie va a ir". Entonces se nos ocurrió organizar un torneo de fútbol para que las mujeres llegaran, se juntaran y, de paso, accedieran a información sobre temas reproductivos, sexuales y de violencia. Así nació el Torneo Violeta, con la idea de darles información y abrirles espacios seguros para divertirse e informarse.

En ese proceso, nos dimos cuenta de algo que duele: en todo el Estado de México no había prácticamente fútbol femenil porque no se abrían ni facilitaban los espacios. A las mujeres les daban los peores horarios para jugar: siete de la mañana, diez de la noche; horas en las que no podían o corrían un alto riesgo. Hay una discriminación, hay mucha violencia en la que a las mujeres tampoco se les da ese derecho a jugar. Y eso lo sabemos porque lo vemos día a día.

La cancha no es trinchera, es escuela de vida

No somos de esas organizaciones que llegan con discursos bonitos y se van. No. Trabajamos en el barrio, con metodologías comunitarias que mezclan psicología, asesoría legal, educación y, claro, mucho deporte. Pero no cualquier deporte: usamos el fútbol como herramienta para prevenir desde el abuso sexual hasta el embarazo adolescente, pasando por el reclutamiento forzado por el narco.

Nuestra metodología no solo enseña a patear un balón, sino a reconocer señales de violencia, a levantar la voz y a construir relaciones libres de machismo. Y no nos quedamos en la teoría: actualmente trabajamos directamente con 64 niñas, niños y adolescentes, e indirectamente con 126 tutores. Pero nuestro impacto va más allá de los números: transformamos espacios públicos en entornos seguros, donde las niñas pueden correr, reír y soñar sin miedo.

Como siempre decimos: "Normalmente el espacio público es de los hombres, y las mujeres se limitan a vivir en espacios privados, es decir, en sus hogares". Por eso nuestra iniciativa busca que las mujeres se apropien de la cancha, que jueguen juntas, se informen y aprendan sobre sus propias habilidades y capacidades.

¿Por qué Ecatepec? Porque ahí duele más

No es casualidad que hayamos elegido esta zona. El Estado de México tiene dos alertas de género activas (por feminicidio y desaparición) y encabeza las cifras de violencia feminicida en el país. Tan solo de enero a octubre de 2024, se denunciaron 667 feminicidios en México, siendo el Estado de México y el municipio de Ecatepec zonas donde se registran gran número de estos delitos.

En San Pedro Xalostoc, las mujeres enfrentan condiciones alarmantes: servicios básicos casi inexistentes, protección institucional que brilla por su ausencia y una cultura machista que normaliza la violencia. Ahí es donde ponemos el cuerpo. No es trabajo de oficina, es trabajo de calle.

La desigualdad no es un accidente, es un sistema

La violencia contra las mujeres no es producto de "malos hombres" sueltos. Es estructural, es sistemática, está tejida en nuestras costumbres y en las leyes que no se cumplen. Y lo más cabrón: se reproduce en las escuelas, en las casas, en los clubes deportivos y en las canchas.

Los datos son contundentes y nos respaldan. A nivel mundial, las mujeres ganan un 23% menos que los hombres en el mercado laboral (ONU Mujeres). En el deporte, las brechas son aún más abismales. En Tokio 2020, sólo el 13% de los entrenadores eran mujeres, y la FIFA estima que las mujeres representan apenas el 5% de los entrenadores a nivel global. Además, el 21% de las mujeres deportistas declaran haber sufrido al menos una forma de abuso sexual durante su infancia (UNICEF). Y según el mismo organismo, del total de niños y niñas que se han sentido discriminados por practicar algún deporte, un 15% son niñas y solo un 4% son niños.

Nosotras lo decimos claro: "Hay discriminación, hay mucha violencia en la que a las mujeres tampoco se les da ese derecho a jugar". Por eso nuestra intervención es comunitaria, porque sabemos que el cambio no llega desde arriba, sino desde el barrio, desde la colonia, desde la cancha donde las niñas aprenden que también pueden ser futbolistas, líderes y dueñas de su destino.

El futbol como herramienta de libertad

¿Y qué logramos con todo esto? Que las niñas y adolescentes fortalezcan su autoestima, desarrollen liderazgo y aprendan a relacionarse sin violencia. Pero también que los niños y hombres se sumen al cambio, porque la igualdad es tarea de todas y todos. Porque si solo educamos a las mujeres para que aguanten, y no educamos a los hombres para que respeten, seguimos en las mismas.

Lo repetimos hasta el cansancio: El deporte ha ayudado a salir de la violencia, permite crear un tejido social entre jugadoras y luchadoras sociales, combate la vulnerabilidad. Y vamos más allá: El fútbol de mujeres es un mecanismo de paz. Salir, jugar y apropiarnos de los espacios es parte de lo que tenemos que hacer las organizaciones y las personas para vivir sin miedo.

El futbol no es solo para la FIFA. El futbol es de quien lo juega, de quien lo vive, de quien lo transforma. Y en Ecatepec, Más Sueños está demostrando que patear un balón también puede ser un acto de rebeldía contra el machismo, contra la pobreza y contra el olvido institucional.

La cancha está abierta y es para todas

Este artículo no es solo para informar, es para hacerte un llamado: la próxima vez que veas una niña con un balón en los pies, no le digas que eso es de hombres. La próxima vez que escuches que el futbol es solo negocio para la FIFA, recuerda que en las periferias hay organizaciones que usan el deporte para salvar vidas.

Llevamos casi 20 años en esta lucha, y no vamos a parar. Hemos realizado 16 ediciones del Torneo Violeta, con alrededor de 40 equipos de mujeres y niñas participando en cada edición. Hemos llegado a municipios como Ecatepec, Coacalco, San Juanico y Tampico. Nuestra labor ha sido reconocida incluso por la Organización de las Naciones Unidas.

Y lo decimos con el corazón: Al final, todas estamos aquí por algo. No existe mejor trabajo que servir a los demás.

La pregunta es: ¿de qué lado quieres estar?

*Perla Acosta es psicóloga clínica y trabajadora social, especialista en género y políticas públicas. Fundadora de Más Sueños A.C., impulsa el deporte como herramienta para prevenir la violencia contra mujeres y niñas. Creó el Torneo Violeta, ha promovido canchas con perspectiva de género y dirigió el documental Coyolxauhqui: ser mujer en Ecatepec. Sus equipos femeniles han competido internacionalmente y la categoría Sub-17 obtuvo el campeonato mundial Street Child United.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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