Por Rosa Covarrubias
La derrota de México deja un sabor agridulce. No es la primera vez que sucede, pero hacía mucho tiempo que una selección no nos ilusionaba de esta manera.
Duele más porque la eliminación fue en casa, en un estadio que regularmente es una fortaleza y en el que nunca se había perdido un partido de Copa del Mundo. Tenía que ser Inglaterra, una de las selecciones más poderosas del planeta, la que nos devolviera a nuestra realidad: los famosos octavos de final. Ya son 40 años sin poder superar esa ronda.
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