Por Rocío Correa
Hay un video, publicado en la cuenta de Instagram del Corriere della Sera, uno de los medios de comunicación más reconocidos de Italia, que muestra el asesinato de un influencer mexicano en Culiacán, Sinaloa. Las imágenes más crudas están cubiertas: la pantalla se pone negra, aparece un aviso de contenido sensible, se escucha un disparo. Nada más.
En los comentarios, en cuestión de horas, se acumulan cientos de reacciones. Y ahí la historia se bifurca: por un lado, está lo que el video muestra, o más bien lo que no muestra; por otro, aquello de lo que nadie, en esos comentarios, habla en realidad: el estado de Sinaloa, su gobernador y dos jóvenes de poco más de veinte años cuyas historias nunca llegaron al mismo público.
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