Por Sandra Romandía
Hay un momento en que una empresa deja de poder atribuir sus problemas a la mala suerte. El primer retiro del mercado puede explicarse como una falla extraordinaria; el segundo obliga a revisar los procesos; el tercero ya no habla únicamente de un producto: habla de una cultura organizacional. Como escribió Aristóteles, "somos lo que hacemos repetidamente"; la excelencia, decía el filósofo, no es un acto sino un hábito. Lo mismo ocurre con los errores. Cuando comienzan a repetirse, dejan de ser accidentes y empiezan a convertirse en un patrón.
Ese parece ser, cada vez con mayor claridad, el caso de Philips.
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