Por Sophia Huett
La empresa llevaba años perdiendo dinero. Habían cambiado los directores, los planes de rescate fracasaban uno tras otro y la confianza de los inversionistas se agotaba. Entonces llegó una decisión celebrada por todos: por primera vez, una mujer asumiría la dirección general.
Los titulares hablaron de inclusión, de igualdad y de una nueva etapa. Casi nadie hizo una pregunta mucho más incómoda: ¿la nombraron porque era el mejor momento para dirigir la empresa o porque alguien tenía que hacerse cargo de un problema que ya parecía imposible de resolver?