Por Yohali Reséndiz

A mi correo periodismoatodaprueba@gmail.com llegaron documentos de vecinos del Fraccionamiento Rinconada de Xochitepec III, en Xochitepec, Morelos, que denuncian haber cumplido casi ocho meses sin suministro de agua potable debido a un conflicto interno con la administración de su condominio.

Contactamos a algunos vecinos y nos compartieron que el servicio de agua fue suspendido como una medida de presión derivada de desacuerdos sobre cuotas de mantenimiento y representación vecinal.

Los afectados señalan directamente a Condóminos RXIII Asociación Civil, actual administradora del fraccionamiento, de haber suspendido el suministro de agua. También denuncian restricciones para el uso de áreas comunes, contenedores de basura, amenidades y otros servicios derivados de un conflicto interno relacionado con la representación vecinal y el reconocimiento de pagos de mantenimiento realizados a una mesa directiva distinta a la actualmente reconocida.

Pero este problema que aborda esta columna no aplica solo a Xochitepec ya que puede repetirse a cualquier comunidad ya que éste servicio público se convierte en moneda de cambio y una diferencia vecinal, política, sindical o institucional afecta los derechos básicos en las personas.

El artículo 4º Constitucional reconoce el acceso al agua como un derecho humano.

Hoy la dispersión de agua depende del pago de cuotas, o del reglamento del administrador, el voto que favorezca en elecciones internas a la mafia de la unidad habitacional y al poder del liderazgo que solo trabaja por su beneficio personal.

Hoy, cualquier persona en el país decide quién merece tener agua para bañarse, cocinar o limpiar su casa y eso también es abuso de poder y los gobiernos de cualquier nivel, instituciones y corporaciones, lo ignoran. Hoy cualquier mequetrefe que es elegido “administrador o administradora” en la unidad de la colonia, escuela, sindicato, grupo vecinal o espacio puede, -si se le deja avanzar-, hacer valer la capacidad de castigar a otro.

La Organización de las Naciones Unidas estima que todavía 2.2 mil millones de personas en el mundo carecen de acceso seguro al agua potable, eso equivale a más de una cuarta parte de la población mundial.

Por eso se tiene que plantear que mientras por un lado se trabaja para garantizar el acceso al agua como un derecho humano por otro lado existan lugares donde el problema no sea la falta del recurso, sino la decisión de alguien de cerrar la llave del agua.

En el caso de Rinconada de Xochitepec III, los vecinos afirman que entre los afectados existen adultos mayores, mujeres, niños, estudiantes y familias enteras que durante meses han tenido que enfrentar gastos extraordinarios para conseguir agua, comprar garrafones y resolver necesidades básicas de higiene y alimentación. 

También denuncian daños en tuberías, llaves, sanitarios e infraestructura doméstica derivados de tantos meses sin suministro.

Los residentes sostienen además que ya presentaron una denuncia ante la Fiscalía General del Estado por los hechos que consideran constitutivos de delito y responsabilizan a quienes ordenaron la suspensión del servicio y esto también debe saberlo la Gobernadora Margarita González Saravia y también los funcionarios estatales competentes. 

La comunidad afectada ha hecho un llamado público al presidente municipal de Xochitepec, Roberto Gonzalo Flores Zúñiga, para que intervenga en la problemática y contribuya al restablecimiento del suministro de agua para las familias afectadas.

Esta columna no aborda quién tiene la razón en un conflicto vecinal. Eso le toca a las autoridades pero sí, aborda el exceso de la administración. 

Bueno y como se ponen los límites: con unidad y destituyendo al agresor o agresora. 

La comunidad sana no es aquella donde todos piensan igual sino donde a pesar de las ideas, todos se reconocen como seres humanos.

Y donde pensar diferente no tiene que ser venganza.

Donde una diferencia administrativa no puede convertirse en una represalia y un desacuerdo entre vecinos no puede terminar afectando la dignidad de personas que únicamente quieren abrir una llave de agua en su casa.

Reitero que este problema no se aborda sólo para Xochitepec, Morelos, sino de cualquier comunidad donde alguien crea que tener poder sobre otros le da derecho a utilizarlos, condicionarlos o castigarlos.

El agua no debe ser un premio para quien obedece o castigo para quien disiente.

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periodismoatodaprueba@gmail.com / @yohaliresendiz

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